Mente desastrosa
Antes no creía en el amor a
primera vista, que solo sucede en novelas románticas o en películas del mismo
género. Pero reconozco que puede cambiar tus creencias en un pestañeo. Aún
recuerdo ese día, fue hace 7 años cuando sucedió, me encontraba en mi casa
arreglándome para ir a la primaria; cursaba el sexto grado, sentí que iba ser
un día rutinario, como en los anteriores años, pero vaya que estaba equivocado.
Cuando salí acompañado con
mi mamá, para dirigirnos a la escuela, eran las 7 de la mañana, me
gustaba esa hora, porque se puede notar ese color rojizo del cielo cuando está
saliendo el sol del horizonte; un evento natural muy relajante. Al llegar a la
escuela, comenzó la clase; solo que, no comenzó como era de costumbre, inicio
la clase presentando una niña nueva, mi mente solo podía decir “¿Otra niña
nueva?, ¿Cuántos alumnos vendrán más?...”, pero ese pensamiento cambio en
cuanto se levantó de su asiento. Pude ver una niña adorable, que al ver su pelo
largo de forma ondulado, de un tono color castaño, que podía hipnotizarte al
moverse, además de tener una complexión
delgada, baja de estatura, pero lo que más sobresalía de esa hermosa rosa era
sus ojos junto con sus pestañas.
Unos ojos de color café
oscuros y unas pestañas risadas que parecían de actriz de película; podían
transmitir tranquilidad, calidez, pero con un toque de misterio, sentía una
necesidad de conocerla para poder descubrir lo que ocultaba esa linda rosa. En ese instante no podía creer que una niña
tan bonita se encontrara en mi escuela, ni mucho menos en salón que estaba; la
maestra termino añadiendo que se llamaba Susana.
Pasaron los días y no podía
acercarme a Susana, tenía mucho miedo de que no me hablara o que ni siquiera me
contestara con un “hola”; hasta que llego un día muy especial; era hora de
receso, me quede dentro del salón para comer más a gusto, en cuanto había
terminado de comer, se abrió la puerta y era la linda rosa. Al verla, mi
corazón de niño de 11 años latió como una locomotora; no sabía que hacer en esa
situación de estar solos en el salón; por mi cabeza solo podían surgir pensamientos
de valentía, de pararme y hablar con ella, pero solo hubo como resultado un
acto de cobardía. Al ver el reloj del
salón, me di cuenta que falta poco para que terminara el receso, sin más
vacilación, me dispuse acércame para hablar.
Cada paso que di parecía
como si el tiempo fuera en cámara lenta, cuando llegue a su asiento estaba en
blanco, me miro y me dijo -Hola que tal, ¿Se te ofrece algo?-, al oírla sentí
un gran calma; su voz cuadraba al tono que esperaba escuchar, con una sonrisa
un poco nerviosa, le conteste –Sí, me acerque para poder charlar contigo y
poder conocerte más a fondo-, me regreso una sonrisa franca y hablamos lo poco
que quedaba de receso.
Pasaron los meses y ya
faltaba poco para que terminara el sexto grado de primaria, comenzaba a
llevarme muy bien Susana, antes de conocerla creía que era una niña inocente,
que no había pasado por sucos desafortunados para su corta vida; pero todo
cambio, aún recuerdo los acontecimientos que marcaron su infancia, llegaba a
ver la vida de una manera muy madura, a pesar de que solo era una niña de 12
años; definitivamente esto ocasiono que quisiera conocerla más y más.
Faltaban dos meses para que
concluyera el ciclo escolar, estaba muy feliz, ya que al fin saldría de la
primaria y subiría a otro escalón de mi vida como estudiante. Recuerdo que
llegue temprano a la escuela para poderme encontrar con Susana, ya que vivía a una
cuadra cerca de la escuela; esperaba ver a esa linda rosa con ojos que irradian
belleza, pero lo único que me encontré fue a la maestra colocándole corrector a
su lista de asistencia de estudiantes, me acerque preguntando a quien estaba
borrando en la hoja de asistencia. Me miro a los ojos y dijo – Estoy borrando
de la lista a la joven Susana-, cuando escuche la noticia, mi mirada solo podía
ver el suelo, durante toda la clase no podía concentrarme.
Al cabo de unos días, la
maestra nos comentó que Susana se había ido por situaciones familiares; jamás
creí que se iría de esa manera, pensaba que terminaría el sexto grado con todos
los del grupo, y que abría la posibilidad de que hiciera examen de admisión en
la misma secundaria que yo.
Pero solo podía pensar que
esa linda rosa me cautivó de una manera en la que hoy en día no he podido
sentir, solo espero que se encuentre bien y que algún día se vuelvan a cruzar
nuestros caminos.
Fin.
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