VACACIONES
DECEMBRINAS
Mis vacaciones comenzaron el
14 de Diciembre del 2018; estuve en mi casa durante tres días, relajándome y
practicando basquetbol. Una semana antes, mi papá y yo estábamos planeando ir a
visitar a mi abuela a Guanajuato; algo que ya tenía mucho tiempo que no
hacíamos. Llego el día; nos fuimos en el coche de mi papá hasta la casa de mi
abuela, recuerdo que eran las 6 de la mañana, y aún era de noche; me agrado
mucho el ir de copiloto; ya que, podía observar el transcurso del trayecto, disfrutando
del panorama, contemplando como salía el sol por el horizonte.
Después de 8 horas de trayecto,
llegamos a nuestro destino, al pueblo llamado “San Antonio”, lugar en el que
vive abuela. Llegamos justo cuando mi abuela estaba arreglando su jardín; en el
momento que nos vio, fue una enorme sorpresa para ella, ya que no se esperaba que la fuéramos a
visitar en las vacaciones; había pasado tanto tiempo de no verla, que ya no me
podía reconocer. Después de instalarnos en la casa de mi abuela, lo primero que
hice fue tomar la bicicleta vieja de mi papá; en mi mente no podía creer que
todavía sirvieran las llantas.
Con mucho entusiasmo,
pedaleé en la bicicleta por el lateral de la autovía, podía observar el campo
de una manera excepcional, apreciando el valle lleno de lugares de siembra;
definitivamente un lugar muy apacible en vez de la ciudad. Al terminar el
recorrido llegue a la casa de mi abuela muy cansado, con un dolor en la zona
lumbar de mi espalda, con la situación en la que me encontré, tome un descanso
hasta esperar que estuviera lista la cena.
Recuerdo que la cena era muy
diferente como la de mi casa, todo se sentía muy orgánico; definitivamente un
sabor que no se logra percibir en la ciudad y que te da ganas de comer una y otra
vez, pero lástima que el estómago no es un barril sin fondo…
Al cabo de dos días muy
confortables en la morada de mi abuela, toco un día muy gracioso y penoso; era
época de posadas para el recibimiento de la navidad, cuando habíamos terminado
de comer; mi abuela me mencionó de una posada en la parroquia que estaba a unos
par de metros de la casa, al cabo de terminar de cantarme la situación, me
recomendó que fuera a unirme a la posada; sin embargo, yo no tenía muchas ganas
de ir, pues iría yo solo a presentarme. Recuerdo haberme ido al cuarto en el
que estaban mis pertenencias y de repente se acerca mi papá diciéndome que
fuera a la parroquia e hiciera amistades, pasaron los minutos de dialogo padre
a hijo. Para que no hubiera algún rose, no tuve más remedio que ir a la
celebración. Después de cambiarme decentemente, me dirigí a la parroquia con
poco entusiasmo, lo único que podía hacer en el transcurso de la caminata era
repasar el dialogo de presentación “Hola buenas tardes soy Bruno Gallardo,
nieto de la señora Isabela, quería saber si me podía unir a la verbena con
ustedes, claro si no hay algún inconveniente…”, al llegar a la parroquia me di
cuenta que ya habían empezado con el rosario, lo único que podía pasar por mi
cabeza fue “creo que lo mejor será que me presente después del rosario, no
quisiera interrumpir lo que están haciendo”, vaya que me arrepiento de realizar
ese plan… me metí a la parroquia sin presentarme, solo dando las buenas tardes.
Después de haber orado y terminar el rosario, me dispuse a presentarme con una
señora que estaba a lado de mí, le dije de manera amable todo el dialogo que
había ensayado, al terminar me sonrió de una manera muy franca presentándose y
añadiendo que era amiga de mi abuela, después de la plática me presento con las
demás personas, lo único que podía ver de ellos al saber que era nieto de doña
Isabela comenzaron a reírse de una forma aliviada, ya que al verme entrar se
abrumaron de ver un chavo alto y desconocido del pueblo, añadiendo que una
señorita se espantó tanto que iba a llamar un troca…
Al escuchar esa noticia, me
sonroje demasiado y sentí como mis manos se enfriaban más que la temperatura
del lugar, sonriendo de una manera nerviosa, me disculpe por no haberme
presentado desde un inicio. Al final de la plática todos estábamos tranquilos,
pero bromeando de lo que había pasado, me sentí acogido y muy bien recibido por
las personas del lugar; justo como me lo había descrito mi papá, al término de
la verbena, me despedí de todos y me fui acompañado con una amiga de mi abuela junto
con sus dos hijas y su nieta.
Al llegar a la casa, mi papá
y me abuela me preguntaron cómo me había ido en la verbena, les conté lo que
había sucedido, al terminar de hablar se molestaron un poco, pues para ellos,
creían que estaban exagerando, al concluir la anécdota cenamos y nos fuimos a
dormir.
Llego el 24 de Diciembre,
una noche antes habíamos preparado la cena de navidad, estaba muy entusiasmado
porque era la primera vez que pasaba la navidad con mi abuela, antes de que
pasáramos la navidad en familia, fuimos a la misa de noche buena, al término de
la misa, quebraron piñatas y dieron aguinaldos; sin duda un gran detalle, se
sentía un momento de unión entre el pueblo, con cual se llegaba a transmitir.
Cuando llegamos a la casa, comenzamos a colocar la cena en la mesa, al cabo de
unos minutos comenzamos a cenar todos juntos, era un momento encantador,
hablábamos de diferentes anécdotas de cada uno, pero hablaba más mi abuela,
cada vez que hablaba de algún suceso, tenía que añadirle algo gracioso; esto
ocasionaba que quisiéramos seguirla escuchando. Al terminar de comer la cena de
navidad (pollo en mixiote, alubias, pasta entomatada, acompañado con unas
tortillas de mano), nos quedamos en la sala viendo una película transmitida por
la televisión. Acabando de ver la película nos fuimos a los cuartos a dormir,
cuando estaba acostado recordé todo lo que había sucedió, pensé en mi mente,
que esa noche fue mágica y que no lo olvidaría.
Pasaron tres días después de
la navidad y era momento de regresar al puerto de Acapulco, con una gran
energía de alegría y amor, nos despedimos de mi abuela Isabela, al despedirnos
con un enorme abrazo con mi abuelita, no quería que estuviera en ese lugar,
quería llevármela a mi casa; pero sabía que ese es su hogar y que no habrá
froma de que quiera vivir en Acapulco; ya que no soporta el calor, además de
que para ella su casa es muy especial.
Pasaron de nuevo ocho horas
de trayecto a casa, llegamos justo cuando el sol estaba a punto de ocultarse,
llegamos a las nueve de la noche, era un alivio; ya que, por otra parte,
extrañaba mi casa.
FIN.
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